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viernes, 21 de febrero de 2014

CUAL CABRAS POR CABRALES

En mente la Transgrancanaria, y en el corazón una angustia... Ay madre, qué miedo tengo...
Pero como el miedo tiene mucha imaginación, y poco talento, seguimos adelante dando ya los últimos coletazos antes de LA CITA.

Aprovechando que hacía mucho que no parábamos por Asturias, y cualquier excusa vale, cogimos la furgo el viernes destino Pola de Somiedo, para pasar por la tienda AFUEGO así probarnos la nueva equipación del club, y desde allí ir directos a Arenas de Cabrales.
El sábado, sin madrugar, que para eso ya están los días de diario, de monte unas cuantas horitas.
La zona preciosa, y el clima inmejorable.






Después de una ruta que se nos quedó un poco corta, comimos algo en Poo de Cabrales y nos relajamos en  una tarde de spa y masajes.

De vuelta en Arenas, sidras, cena y sorpresa en el restaurante Cares:


Lo pasamos de miedo, cenando y después tomando unas copichuelas por la zona.




El domingo, de nuevo sin madrugar


quisimos (bueno, más bien yo, en realidad a Andrés le apetecía más bien poco) hacer la Ruta del Cares, ya que es tan famosa, pero eso sí, corriendo.

La verdad es que a mí me gustó muchísimo:



En esta época, apenas hay nadie por aquí, así que toda para nosotros.
Llegamos a Caín y vuelta



Tuve varias molestias, saltó la alarma, pero esperé a ver qué pasaba el lunes de descanso.
El martes no corrí, sólo gym, pero el miércoles, haciendo cuestas en Salamanca tres pinchazos seguidos en la ingle me hicieron parar, así que ayer tuve cita con el fisio.

Gracias a Dios le quitó importancia y me dijo que ya tan sólo haga un poco de bici, natación, incluso algún trote suave, pero que ya no me meta más caña. Además, aproveché para preguntarle otro par de cosillas que me traían un poco preocupada, y la verdad es que salí de allí como nueva de cuerpo y de mente.

Ya no queda nada para la carrera. Ahora es el tiempo de las dudas y de la falta de fe. Llevo mucho tiempo en el dique seco y ya no recuerdo dónde estaba el punto en el que las preocupaciones tenían una base real y dónde eran tan sólo fruto del miedo y la incertidumbre.

Ahora, preparativos....

..y algo de nieve este finde!!

miércoles, 17 de abril de 2013

ARENAS DE CABRALES DESDE LA BARRERA

Como la situación actual es la que es, y no hay más alternativa, el pasado fin de semana me tocó revivir las carreras desde el punto de vista del acompañante.
Creo que así fue como me empezó a gustar correr, así que, aunque hubiera preferido estar del otro lado, tampoco me importó quedarme fuera por esta vez.

El viernes llegamos a Arenas de Cabrales a la hora justa para aparcar la furgo e ir a tomar unas sidras y picotear algo.

En la primera sidrería ya conocimos al organizador de la carrera: un auténtico currante y apasionado de la montaña.

Nos confirmó que no habría problema alguno para que Andrés pudiera correr al día siguiente, así que no muy tarde, nos fuimos a dormir, que esto de la sidra tiene mucho peligro.

El sábado fue el primer día de la primavera del 2013. Ya era hora. Un día espectacular esperaba a los corredores. Desayunamos en una terraza (esto es vida), saludando a algunos conocidos de otras carreras, y a Santi Obaya y su familia, quien nos había confirmado que no habría problema para que Andrés pudiera correr.

...Y  Andrés se preparó para la batalla.

A las 11, las pastoras que años atrás recorrían los caminos por los que ahora pasaba la carrera, dieron la salida.


Avisaban de que era dura. Sobre todo la bajada. Desde mi posición en una terraza, con una caña de la mano, no parecía tan complicada, la verdad, jejejej.

Comenzaron a llegar los primeros corredores, y en meta había preparada una buena fiesta, con música, mercadillo, productos de la tierra....

Andrés llegó poco después, alucinando de la dureza de la bajada. Recuperó, se duchó, y luego pudimos comer una buena espicha que tenía preparada la organización.

Después de comer y beber bien, desacansamos un poco, hasta la hora en la que Santi Obaya hacía una proyección de diapositivas con algunas de sus carreras.

Allí, aprovechamos para saludarles con más calma y terminamos cenando algo con ellos.
El domingo, de nuevo desayuno-calidaddevida en terraza y luego Andrés se fue a trotar un ratito por el monte.

Después, y ya de camino de regreso, paramos a comer y pasar un ratito de playa en San Vicente de la Barquera. Impresionante día que nos hizo empezar a coger un poco de color.


Y así seguimos... esperando que sople el viento a favor...