lunes, 16 de abril de 2018

13-15 ABRIL. FINDE RURAL CON ESCAPADAS A LA COVATILLA Y EN PICO CERVERO. Todo queda en casa



Tocando varios palos, este pasado fin de semana tocaba casa rural, como siempre en Hondura de Huebra, por gentileza de Javier Tomás, pero para curar un poco la conciencia, antes de ir para allá, hicimos una única subida en la Covatilla en la típica escapada exprés después de trabajar.
Sergio nos esperaba allí, y, pese a que él había tenido un rato de buen tiempo, nosotros, a las 16.00 cuando llegamos, nos encontramos con una buena granizada y la estación cubierta por la niebla.

Por un rato, tuvimos que esperar en el coche, pero aprovechando un momento en el que despejó, nos pusimos en marcha y, más que nada por las ganas que teníamos, hicimos, como digo , una única subida.

Y su correspondiente bajada, claro.
Andrés aún hizo una exprés, pero Sergio y yo esperamos en el coche.


A media tarde, marchamos hacia Hondura, y a partir de ahí la actividad principal consistió en comer y beber… Como no podía ser de otra manera.

Yo me fui a la cama pronto, así que el sábado estaba como una rosa. Sergio, Andrés y yo decidimos que como hacía muy buen tiempo, podríamos ir a trotar un poco hacia la zona de Pico Cervero.
La ascensión se hace por una ancha pista, así que no era una ruta muy técnica, pero sí tiene la suficiente inclinación como para hacernos sudar.
Mi objetivo era llegar arriba sin parar de trotar. Daba igual el ritmo.

Lo conseguí, así que terminé contenta.

La bajada, con mucha precaución, la hicimos Sergio y yo charlando de todo un poco, y apretando un poco al final para terminar con la sensación de “¿pero no llegamos ya?”. Mola.

Regresamos a casa sobre la hora de comer, pero el resto del grupo se habían ido a Linares, así que nosotros nos duchamos, estiramos y nos preparamos un aperitivo que llegaban.
Una vez reunidos, pasamos la tarde entre hacer las brasas para la barbacoa, comer tranquilamente a medida que iba saliendo la carne, charlando, riendo… Y por supuesto bebiendo.

Fue el primer día que salió el sol desde hacía mucho, así que aprovechamos todo lo que pudimos en el exterior.
Ya al aterdecer,  la actividad cambió a “juegos de mesa”. No me apasionan, la verdad, pero era lo que tocaba. Así que tuve que ganar, ejejejej.


El domingo muchas agujetas (cómo molan) y bastante remordimiento de conciencia por los excesos de comida y bebida. En fin, un clásico…

Creo que esta semana, también me voy a escapar algún día entre diario a disfrutar de la impresionante cantidad de nieve que aún hay en la Covatilla. Dan muy buen tiempo, por fin desde hace mucho tiempo, así que esto no se puede dejar pasar…

¡¡Como esto siga así, este año esquiamos en Junio!!.







miércoles, 4 de abril de 2018

SEMANA SANTA

No me pilla de sorpresa que unas vacaciones de Semana Santa se queden a medias. Ya son mucho años en los que, por unas cosas o por otras, los planes se caen o se quedan a medias.
Aún así, desde el 23 de Marzo, cuando inauguré el inicio de las vacaciones con un "café torero" de los que de vez en cuando saben a gloria,  he pasado por sábados de mal tiempo en casa y domingos de "hoy voy a la Covatilla, esté esté el tiempo como esté", un domingo de Ramos en la Covatilla sin rastro de procesiones

- Un martes Santo esquiando de 15.00 a 19.00

- Un miércoles Santo de terraceo de 13:00 a 19:00

- Un jueves Santo en el que por fin había nieve (y de sobra) en Gredos y pudimos ascencder al Morezón haciendo ruta circular: Subida por Refugio del Rey y bajada por la ruta normal






- Un viernes Santo de trote mañanero por la Peña de Francia
(sin fotos)

Al fin y al cabo, podía haber sido peor...
Ahora a pensar en los siguientes fines de semana, que, visto lo visto, hay veces que dan más de sí que unas vacaciones enteritas...

martes, 20 de marzo de 2018

18 MARZO. LA COVATILLA CON SABOR A PASADO


Cambio de planes de última hora. Lo previsto era ir a San Isidro. Como yo trabajaba de tarde, pensamos que lo mejor sería salir el sábado por la mañana.... pero.... al levantarnos y ver este percal:


nos dio pereza y finalmente decidimos que igual era mejor día para quedarnos en Salamanca celebrando San Patricio y dejar la nieve para mañana.



Aunque la cosa se alargó, las ganas pudieron a la resaca y el domingo, que mejoraba un poco el tiempo, fue levantarnos y poner rumbo a  La Covatilla.


No pudimos separarnos de la estación, tuvimos que subir bien pegaditos a la valla (en los sitios donde no la había tapado la nieve), porque de vez en cuando, muy a menudo, se nublaba y era imposible ver nada.

Para mí, como siempre, lo peor la bajada, que, a ciegas, me resulta complicadísimo. Además, había tal cantidad de nieve virgen, que, sin darte cuenta, podías acabar “clavada” en un montículo formado por la gran acumulación de algunas zonas.

Hicimos dos subidas desde la parte baja de la estación. Lo suficiente para quitar el mono. Era indispensable hacer algunas fotos que mostraran las paredes de nieve que se formaban alrededor de la cafetería, y a los lados de la carretera.




Tomamos una cerveza (grandecita, como nos gusta...) y algo de comer en la cafetería, que no digan que los traveseros no hacemos gasto en las estaciones.


Y vuelta para Salamanca con la típica sensación de “qué bien hemos hecho en venir” .



Y ya Semana Santa a la vuelta de la esquina. Apenas sin planes, que es algo que me tiene un poco preocupada… pero seguro que algo surgirá….
Recordemos que este año aún no hemos visitado ni San Isidro, ni Formigal, ni Gredos….

jueves, 8 de marzo de 2018

4 MARZO 2018. MEDIA MARATÓN DE SALAMANCA


La semana anterior estaba insoportable. No podía parar de pensar en cómo saldría. La idea del fracaso me daba mucho miedo, pero, por otra parte, no quería renunciar a ver qué resultados habían dado los ratos de entrenamiento que, mal que bien, me había sacado del cuerpo.
Yo, aunque no lo dijera en voz alta, no quería traspasar la hora cuarenta, pero, en realidad, no tenía nada claro que fuera capaz. Al fin y al cabo he estado casi un año en el dique seco…

Tenía dudas de si ir con Quini, Antonio y Perri, como el año pasado, tan sólo con la idea de terminar, o con Guiller, que había venido desde Madrid sólo para la ocasión, pero, como digo, en realidad tenía mucha curiosidad por “medirme”, por ponerme una cifra, una marca…

Total que, tras una semana en la que no me aguantaba ni yo, el domingo, me levanté inexplicablemente tranquila. Decidí estrenar mis mayas nuevas, me preparé un desayuno de campeones y allí me presenté.



A la hora de la verdad, me coloqué entre el globo de 1:40 y el de 1:45… Concentrada.

Y dieron la salida.
Al principio me sentí muy perdida. No sabía muy bien si correr más o empezar más tranquila. Tuve miedo de no coger el ritmo, y, quedaba mucho…


Por supuesto, no tenía intención de mirar el reloj en toda la carrera, pero la pista te lo dan los globos: los primeros km. fui por detrás del de 1:40 pero los corredores a mi alrededor de repente empezaron a protestar y a instar los corredores-lobo a que se ajustaran al ritmo adecuado, y, de repente, me vi adelantando, no solo al globo, si no también a más y más corredores….


No iba mal. Pensaba: “¿podría ir más rápido? Sí, pues entonces voy bien. Guarda algo para más tarde”

Pero el más tarde llegó mucho antes de lo esperado, y, sobre el km. 9 o 10 iba ya pidiendo la hora.
Si hubiera estado más cerca de casa, creo que me habría retirado. Respiraba fuerte, me faltaba el aire… en definitiva, iba muy justita.
Por suerte, y la verdad que no sé muy bien cómo, los km fueron pasando. Las piernas ganaron la batalla a la cabeza.
En el km. 19, y ya mirando hacia atrás temiendo que el globo estuviera más cerca de lo deseado, llegó la gran cuesta del recorrido. Tiene más de 1 km, pero, inexplicablemente, no me costó  demasiado superarla. 


Y, lo mejor de todo, cuando llegué arriba, me di cuenta de que prácticamente sólo tenía que dejarme llevar. Estaba ya cerquísima de la meta, y, además, el último tramo pica un poco para abajo, así que, aunque era lo que menos me apetecía, apreté los dientes e intenté no bajar el ritmo (subirlo era algo impensable).

Como digo, no había mirado el reloj en ningún momento, así que, cuando di la última curva y encaré el arco de meta, y, por consiguiente, me enfrenté cara a cara con el crono…. No me lo podía creer… ví una hora treintaiseiscincuenta… ¡Bueno! ¡Imposible! Supe que esos últimos metros no me iban a permitir llegar antes de 1:37, pero me valía. ¡Vaya que sí!. Al final: 1:37:11 oficiales.


Gracias a Dios todos esos sentimientos se olvidan, aunque he de decir que en este caso me va a costar un poco más.
Han sido muchas las circunstancias que me han llevado a dudar tanto del resultado. Estaba tan perdida que a veces pensaba que iba a hacer 1:44 y otras, en mis mejores pronósticos, que iba a hacer… lo que al final hice. Mejor tiempo que hace dos años… ¿Es un sueño o no?
 
Andrés y su marca
Bueno, y luego, lo mejor: celebración con amigos. Los que habían corrido y los que no. Todos pasando un buen rato juntos.




Al día siguiente más resaca que agujetas…

Realmente me he planteado muy seriamente volver a apuntarme a más carreras, dado el estado de nervios de los días anteriores. No me gusta tener que evitar hacer ciertas cosas que me gustan sólo por estar a punto para una carrera. No me compensa. Al menos esta vez
Pero cierto es que hoy, que ya han pasado unos días, empiezo a barruntar… qué pasaría si me apuntara a…......

  • ......

Y en breve, si Dios quiere, habrá que probar en la montaña….




lunes, 26 de febrero de 2018

23-25 FEBRERO. TUIZA Y VALGRANDE


A veces resulta un poco complicado compaginar tres días a la semana fuera de casa y llevar un cierto orden y disciplina de cara a algún objetivo…
Pero se intenta.
Por eso, el viernes, desde el trabajo y sin comer, salí a hacer el entrenamiento (un poco modificado) que me había propuesto para ese día. Fue duro y no lo disfruté nada. Me dejó cansada y de mala leche para las horas siguientes, pero al menos en mi cabeza no se quedó como “pendiente”.
Sin parar a descansar, comí, terminé el equipaje y rumbo a Tuiza.
El viaje no se hizo largo, aunque llegamos ya casi de noche y cuando ya había acabado el Breafing de la carrera de skimo que iba a disputar Andrés al día siguiente.
Tomamos una cerveza en Campomanes y nos subimos a cenar y dormir en Tuiza de Arriba.
A la mañana siguiente, la carrera salió puntual a las 11.00.

 y, como me esperaban al menos 4 o 5 horas de soledad y paciente espera, me puse las zapatillas y me fui a correr sin mucha pretensión: tan sólo hacer una tirada larga, sin exigencias de ritmo, pues Tuiza de Arriba, como su propio nombre indica está muy arriba y por lo tanto el desnivel iba a marcar mi carrera.
No miré el reloj en ningún momento para no agobiarme, pero cuando sonó la décima canción en mi ipod, me di la vuelta. El camino de ida había sido todo bajada, así que la jugada estaba clara: todo subida hasta la furgo.
Mi objetivo: correr. Daba igual el ritmo, pero no dejar de trotar en ningún momento, aunque en ocasiones la pendiente fuera tan empinada que casi se podría decir que en vez de correr, reptaba…
Cuando por fin llegué a la furgo, achicharrada de calor, miré el reloj y ví que salían casi 17 km y más de 1000 metros de desnivel.

No sé si me valdrá para algo de cara al domingo, pero ahí quedó.
Como mínimo, había estado entretenida un buen rato.
Hacía un día espectacular, y me relajé en la furgo tomando unas cervezas y escuchando música hasta que empecé a ver que llegaban corredores.
Aun me tocó esperar un buen rato a que bajara Andrés (la carrera acababa en el refugio de Meicín, y allí los corredores se entretenían lo que les parecía, charlando entre ellos y comentando la jugada. Andrés en estos casos, nunca ha sido de los más rápidos, jejeje).
Cuando llegó, y tras los trabajos ordinarios de aseo, recogida de material, etc, etc, se hizo casi la hora de la Espicha, así que para allá fuimos.
Después de comer y beber (a todas luces demasiado), fuimos a Mieres, donde habíamos quedado para hacer un negocio con unas pieles de foca que necesitaba.
Estábamos ya metidos en ambiente con el tema de la sidra, así que rematamos el día poniéndonos turcios en la Plaza San Juan…

Así me levanté yo al día siguiente.
A las agujetas se sumaba la resaca y el saber que hoy tocaba travesía en Pajares. BUFFF
Pero lo cierto es que una vez en la estación, ya no hay margen a la duda: te preparas y subes. No hay más.

Eso sí: yo sólo tuve cuerpo para hacer una subida, probar un poco el material (focas nuevas y crampones)



Una malbajada y a la furgo.

Regresamos muy pronto. Ambos teníamos ganas de descansar. El domingo por la tarde fue exactamente eso que tan poco me gusta, pero que tan necesario es de vez en cuando: Sofá, peli y manta…
Ha sido un finde de tiempo espectacular, de nivel de actividad alto y de los que te dejan “nuevo”.

Veremos a ver qué pasa el siguiente. Me reencuentro con una Media maratón. Puede pasar cualquier cosa. Sólo me preocupa sentirme frustrada al acabar….
Por si acaso, y pase lo que pase, ya tenemos reservado un cocido para ir a comerlo en pandilla… El plan promete…


miércoles, 21 de febrero de 2018

337 DÍAS DESPUÉS, EN EL MISMO SITIO.

Ha pasado casi un año desde mi última entrada.
Ahora me doy cuenta de que me despedía tal y como saludo de nuevo: en la montaña y con los esquís puestos.
No es mala señal.
Podría decir que ha sido una etapa dura, pero no sería cierto.
Dos operaciones en tres meses no es lo más divertido del mundo, pero, sinceramente, estoy muy contenta de cómo va todo.
La rodilla me permite volver a correr, he probado con la montaña y no he notado mayores problemas. El esquí es como si no lo hubiera dejado (sigo siendo igual de paquete), y lo único que aún me queda por probar es correr en la montaña. Me preocupan un poco los impactos en las bajadas, pero eso ya nos preocuparemos cuando toque.
La conclusión que he sacado es que la intervención (ligamento cruzado) no era para tanto y la recuperación, con un poco de paciencia y buen humor, se lleva mejor de lo esperado.

En mi cabeza planeaba la sombra de una convalecencia lenta y aburrida en la que no podría hacer nada más que estar en casa como una tullida, pero no es así. En cuanto pasan un par de meses, puedes empezar a hacer un poquito de bici en casa, y caminar prácticamente desde el primer día, así que sólo hay que replantearse un poco el día a día, y esperar tranquilamente a que el tiempo vaya pasando y el nuevo ligamento vaya acomodándose al lugar en el que va a tener que empezar a funcionar, si Dios quiere, para siempre.
Además, he aprovechado mucho la vida en la cuidad, el contacto con amigos, los planes más urbanitas....

De la otra operación mejor no hablar porque es un rollo.

Total, que en la medida de lo posible, he seguido viajando, haciendo escapadillas de fin de semana y, como decía al principio, para cuanto volvió a nevar, ya estaba preparada para calzarme los esquís.

Ora cosa es lo de actualizar el blog: he perdido tanto el hilo que, para no agobiarme, empezaré, como de costumbre, a contar las cosillas del finde durante la semana siguiente. Si en algún momento me veo con ganas de hacer memoria, quizás vaya redactando lo sucedido durante estos últimos  11 meses, pero, a día de hoy, inauguro una nueva etapa, contando:

FINDE 17-18 DE FEBRERO: FURGONEANDO EN LA COVATILLA

Sábado a medio día, porque no se podía antes, nos montamos en la furgo y nos dirigimos a la Covatilla, donde habíamos quedado con Sergio para pasar un par de días por la Sierra de Béjar. Llegamos sobre las 15.00 y, aunque había una niebla que impedía ver a tres metros, decidimos ir progresando sin separarnos mucho de las pistas (siempre con la valla a la vista) hasta la parte más alta de la estación.


 Una vez arriba, hicimos una bajada disfrutona, con poca gente y sin nada de visibilidad, lo que, en ocasiones, hacía que casi perdiera el equilibrio. Es una sensación como de mareo...


Llegamos a la zona que llamamos de "la antena" que es donde normalmente solemos volver a  poner las focas para iniciar de nuevo la subida. Poco después de haber empezado la segunda ascensión, cerraron las pistas, así que ya sólo estábamos los tres penitentes, tirando para arriba como podíamos y yo, personalmente, procurando no perder de vista a Andrés y a Sergio.



Lo bueno de la niebla es que no eres consciente de lo que queda hasta llegar arriba, así que una vez hicimos cumbre (hasta que no estuve arriba no me di cuenta de que ya habíamos llegado),  y a "pista cerrada" bajamos tranquilamente, disfrutando de la soledad y del impresionante silencio que nos regalaba esta tarde de sábado.


Pese a que pudiera parecer que la niebla había estropeado nuestros planes, he de decir que me había parecido hasta más divertido y bajamos muy satisfechos y con la sensación de haber disfrutado (de otra manera) las dos bajaditas que nos había dado tiempo.

Tras cambiarnos, bajamos a tomar un par de cervezas a Béjar, donde había amigos con los que estuvimos charlando un ratito antes de subir a Candelario para cenar y dormir.

El domingo, nos levantamos pronto para no tener problemas para aparcar en la estación. Desayunamos allí y sobre las 9.30, con un día espectacularmente claro y espectacularmente frío, ya estábamos subiendo con dirección a la cuerda, y, una vez allí, ver en qué estado se encontraba la nieve y decidir si regresábamos hacia la estación o bien si continuábamos hacia la zona del Calvitero.


Finalmente decidimos tirar hacia el Calvitero. Aunque hacía mucho frío y sobre todo mucho viento, el día estaba despejado y precioso, por cierto, y la nieve estaba perfectamente. Andrés bajó hacia la hoya del Hornillo, y, mientras, Sergio y yo seguimos hacia el Calvitero.


Tars hacer una fotos y quitábamos las focas, Andrés nos alcanzó de nuevo, y reemprendimos la vuelta los tres juntos, aunque yo tardé poco en volver a ponerme las pieles, que voy más cómoda


Y ya hice toda la cuerda hasta la estación con ellas puestas.


El viento en algún momento traía rachas que llegaban a desequlibrarme, pero por lo demás, la vuelta fue tranquila, aunque a buen ritmo.

Una vez en la estación, pudimos disfrutar, una vez más de las pistas para nosotros solos. Parece que por peligro de rachas de viento, habían parado el funcionamiento del telesilla, así que yo, siguiendo a Sergio y Andrés, bajamos de lado a lado aprovechando el ancho de las pistas a tope. Cierto es que había mucho hielo, y que agradecí el pupilaje de Sergio, porque en algunos puntos la cosa se ponía reguleras.
Andrés bajó una vez más hacia otra Hoya que la verdad es que no sé el nombre y Sergio y yo le esperamos en la furgo preparando algo de comida.

¿qué? ¿a que parece que no ha cambiado apenas nada??
¡Pues eso es bueno!, ¿o no?




lunes, 20 de marzo de 2017

ÚLTIMOS DÍAS BLANCOS

Yo no lo sabía aún, pero el fin de semana pasado, parece que se postula como el último que esquíe este año. Esta mañana recibía la noticia de que, si todo va bien, mañana me operarán, por fin de la rodilla.

Pero lo que venga después ya lo contaré. De momento voy a contar lo que he hecho el último fin de semana, que es lo que importa, porque, además, me lo he pasado muy bien.

El viernes, después de pasar unas cuantas horas de "aperitivo", partimos con dirección a la Plataforma, para dormir allí y, repitiendo la aventura del finde anterior, intentar subir bastante temprano hacia la zona del Morezón.

Por supuesto, parada obligatoria en LA BODEGUILLA para tomar algo de cena, y dejarlo todo hecho antes de dormir nuestras buenas 9 horitas.

El sábado, según lo planeado, sobre las 8:30 estábamos cargados con los esquís (por cierto Andrés estrenaba equipo, por si hay alguien en el mundo que aún no se hubiera enterado...)

 Sufriendo por lo mal que se llevan el empedrado de la calzada del inicio de la ruta con las botas rígidas de esquí.
Además, como es normal, había ya una diferencia entre la cantidad de nieve de la semana anterior, así que cada vez hay que portear más....

Pero todo esfuerzo tiene su recompensa, y, aunque a mí me costó pillar buenas sensaciones (tenía el día muy "cruzao"), todo cambió cuando llegamos a la cumbre, y, de repente, una paz se instauró en mí y me acompañó el resto del día... ¿será por eso por lo que siempre acabo volviendo a las montañas?


Además, y pese a que era fiesta en Madrid y eso suele significar que Gredos está lleno de gente, nos sorprendió que había muchísima menos que el finde anterior.

Total, que tras disfrutar un buen rato de las vistas, bajamos hacia Navasomera, volvimos a subri para volver a tirarnos, y por aquello de cambiar un poco, decidimos subir por el risco de la Cagarruta y dirigirnos hacia el refugio del Rey.

La nieve estaba fenomenal, y he de decir que disfruté mucho-muchísimo bajando por nieve virgen. Quién me lo iba a decir...

Fuimos buscando la ruta según nos pareció. Nunca habíamos ido por allí, así que todo era nuevo. Claro, que todo fue fenomenal, maravilloso, ideal... hasta que se acabó la nieve y hubo que portear los esquís casi una hora....

Pero había merecido la pena, la verdad...

A las 14.15 habíamos quedado para comer con la familia. Suerte que el restaurante estaba en la misma carretera de bajada de la plataforma, porque ya se nos empezaba a echar el tiempo encima.

El sitio era ideal para una tarde con niños.


Comimos, y sobre todo bebimos. Vimos el fútbol, reímos...

Y cuando empezaba a hacer frío, seguimos con el rollete de las cañas en Hoyos.
Muchas risas.

Lo malo vino el domingo, claro...Los cuerpos estaban para poca fiesta, y, después de dudar mucho, mucho MUCHO, decidimos probar suerte de nuevo al Morezón, a ver si éramos capaces de poner nuestros esquís allí de nuevo...
Costó mucho, la verdad.

Pero llegamos. Con ritmo mucho más cansino, pero llegamos.


Andrés bajó por una canal, pero yo por el mismo sitio que de subida, que tampoco hay que jugársela...

Paramos a comer un sandwich (Gracias, Tita) y proseguimos...

Y, como digo, esta imagen representa el fin de esta temporada, en la que, para no poder esquiar por recomendación médica, no puedo decir que se haya dado mal...


Aunque fue una actividad mucho más corta, lo suficiente para despejarnos un poco, y volver a hacer hambre (y sed) de unos refriguerios en la terracita de La Bodeguilla


...Y lo que pase a partir de ahora... ya lo iremos contando...(espero).